Archivo para Abril 2011

Entrenamientos para el maraton semana 10: de la mano de los mejores

10km_laredo081.jpg 

Me levanto temprano para entrenar, no me gusta madrugar demasiado, siento que mi cuerpo no esta preparado para rendir a primera hora de la mañana. A pesar de ser sábado y no tener que trabajar el despertador suena antes de que den las ocho. Desayuno liviano y realizo algunas tareas domesticas previas a preparar el petate. Me desplazo en bicicleta hasta el polideportivo de Mendizorroza, lugar de referencia de muchísimos corredores Vitorianos, y vuelvo a tomar un café mientras ojeo la prensa deportiva. A eso de las 10 salgo de los vestuarios preparado para afrontar un entrenamiento ligero pero prolongado. Llueve con inesperada intensidad, con una violencia impropia de esta época del año. El rigor climatológico inive las pocas ganas que tengo de entrenar, y comienzo a sentir la necesidad de apoltronarme sobre el chelón del salón mientras salto de canal en canal sin mas afán que descubrir si Belén Esteban ha ampliado nuevamente su ya desproporcionada talla de sujetador. Debo estar loco reflexiono, debo estar loco. No para de llover, parece que hoy no dejara de hacerlo. Llego a la altura del prado e inicio los setecientos metros que coforman su perímetro trotando muy despacio, sin garbo, en dirección contraria a la habitual. A tres cientos  metros de mi aventura me topo de frente con un grupo de 12 corredores que trotan lentos, despreocupados, comentando entre si temas triviales. Invierto el sentido de la marcha y me sitúo a la par del último de ellos. Doce mas uno, mal numero. Cuando completamos integra la tercera de las vueltas ya son 19 las personas que forman el grupo. El ritmo se ha incrementado, pero solo ligeramente. Abandonamos el prado en dirección al Bosque de Armentia dejando a nuestra izquierda la residencia de la familia Urdangarin. Inexplicablemente ha dejado de llover. El sol asoma tímidamente entre las nubes mientras Guti marca un ritmo más alto pero aún no demasiado exigente. No hablo, libero mi mente sin prestar demasiada atención a los comentarios de los corredores. Miro al frente y sonrío, me siento bien, muy bien. Pienso en lo absurdo que seria estar postrado en el sofá del salón mientras algún imbécil de nuevo cuño desvelaba al mundo que dos más dos son cinco a través de la pantalla de mi philips de 32 pulgadas.

Tortxu se descuelga de las primeras posiciones hasta llegar sutilmente a mi altura para espetarme su habitual: -¿que pasa majo?

 

-Ya ves, preparando N.Y.

-Bueno, todavía os quedan varias semanas, ya veras lo que vais a disfrutar.

Sus comentarios adquieren un tono paternalista apoyados en el echo de que a corrido varios maratones, entre ellos el de Nueva York. Me encanta hablar con Tortxu, es un tipo especial y sabe transmitir muy bien toda su experiencia.

 

-El recorrido es muy duro, especialmente a su paso por los distintos puentes, se hacen muy cuesta arriba. En el puente de Pulaski Bridge que une Brooklyn con Queens esta situado el medio maratón, pero del que tengo un recuerdo malísimo es del Queensborough Bridge, el puente que une Queens con Manhattan. Allí estube a punto de pararme en varias ocasiones. (Paradojas de la vida, este es el puente en el que Gebreselassie se retiraría en la edición de 2010).

 

-me preocupa la salida-le comento-ya se podrá correr rodeado de tanta gente.

 

-no te preocupes-me tranquiliza-los americanos son unos auténticos especialistas en organizar eventos de este tipo, vas a poder correr en todo momento. La salida se afronta por oleadas y en diferentes horarios. A las nueve y diez salen las chicas, las profesionales. Entre ellas estará la Radcliffer dándolo todo. A las Nueve y cuarenta minutos, al son del New York New York, sale la primera oleada, formada por: los dorsales azules, representados por los atletas profesionales masculinos, los Naranjas, entre los que se encuentra la sub elite masculina y femenina, y los verdes, que en su mayoría agrupan a corredores locales. La segunda Oleada, formada tan bien por estos tres colores parte a las diez y diez minutos, y la tercera, en horario de diez y cuarenta minutos reúne a los atletas más populares. Es atletismo democrático, todo el mundo sabe cual es su sitio y se siente orgulloso de formar parte de la carrera.

Entrenamientos para el maraton semanas 7 y 8: el sitio adecuado en el momento oportuno.

lisboa-para-blog-1.jpg

Durante las semanas siete y ocho el periodo preparatorio general continuaba reservándonos la incomoda compañía del tedioso trabajo de fuerza. Si sus resultados no fuesen tan evidentes hace tiempo que lo habría sustituido por una botella caducada de anís del mono. Entre el 24 y 31 de Agosto y el 1 y 6 de Septiembre dediqué seis productivos días a tensionar los músculos con una pesada barra soldada a las vértebras. Los discos golpeaban sobre la barra a cada alzada reproduciendo un sonido que terminaría interiorizando con absurdo agrado. El camarote de casa, sito en planta baja, se había transformado en un gimnasio sin cuota, y mis furtivas visitas nocturnas comenzaban a despertar la desinformada curiosidad de las vecinas más persistentes. Su ausencia de noticias terminaría, contra mi voluntad, por alentar rocambolescas teorías conspiratorias. Chismorreos al margen, tenía un plan que cumplir, y no estaba dispuesto a perderme en explicaciones más cercanas a la excusa, en oídos de quien no quiere oír, que amigas de la razón.

Trataba de ceñirme con extrema precisión al plan sin sentirme desubicado. A lo largo de la vida es imprescindible tener muy claro cual es tu sitio. Participe en la vigésimo primera edición de la media maratón de Lisboa convencido de que un circuito tan llano y a nivel del mar me proporcionaría la oportunidad de pulverizar mi mejor marca en la distancia. Me presente con tiempo en la estación de metro y enlace desde este con el tren para atravesar el puente 25 de Abril, jalón inicio de la prueba, ataviado con los colores de 42 y una sonrisa perezne que irradiba confianza. Al abandonar el tren para emprender un breve paseo de unos 10 minutos previos a la linea de salida me incorpore al anden integrando sin pretenderlo parte del torrente de corredores, en su mayoria de nacionalidad portuguesa, que pugnaban sin orden ni criterio por abandonar la estación de ferrocarril a lo largo de un escueto vomitorio localizado en el ala norte. Entre la multitud se agolpaban participantes tanto de la media maratón como de la prueba testimonial de siete kilómetros. Progresar un metro era cuestión de varios minutos y múltiples incomodidades. Al calor propio de un día soleado y viento sur en Lisboa se unía la axfisiante interacción de los cuerpos hacinados. Sorprendía ver, junto a atletas enjutos, señoras de avanzada edad y apariencia escasamente deportiva. Todos formábamos parte de un amasijo heterogéneo de cuerpos con un planteamiento de carrera a cual mas dispar. Me despedí de aquella estación harto de encajar golpes y acelere el paso con firmeza,corriendo a una velocidad nada acorde con un calentamiento. Breve fue mi progresión, breve mi algarabía, junto a una rotonda un nuevo tapón de cientos de corredores detenía el paso a la espera de que el único camino de acceso al puente, muy estrecho, se fuese liberando gota a gota. 25 minutos después, victima de incontables empujones, me planté ante el camino deseado.

El sendero presentaba un desnivel negativo y fuerte pendiente. Ante mi una madre primeriza luchaba por no atropellar con el carrito del bebe a los corredores que lo antecedían. A ocho metros del final del camino el alubión de corredores se detuvo súbitamente ante el cochecito del bebé. Los metros finales estaban flaqueados por un grupo de empinados escalones. La mujer se giró desconcertada, yo la miré sin saber bien que decir. Entre ambos sujetamos el cochecito por los dos extremos e iniciamos el descenso de los escalones con mucho cuidado. No tardamos demasiado en descender, pero a mi se me hizo francamente muy largo. Ya en el puente, a unos 200 metros de la salida, 20 minutos después del inicio de la prueba, mire al cielo, jure en arameo y apretando los puños con rabia exclame frustrado: ¡decididamente este no es mi sitio¡.

|