Archivo para 11. Mayo 2009

La tirada larga

La tirada larga:  

Siempre había pensado que la tirada larga era el refugio de los mediocres, el refugio de aquellos que en el plácido pasar de los kilómetros encuentran la panacea que los aísla del dolor para convertirles en corredores sin alma, sin ambición. Con el tiempo la asumí como un mal necesario, un mal que aplicar en busca de un bien superior.  

Preparar con prusiana devoción la media de Vitoria, ampliando expectativas e ilusiones, me proporcionó una visión más amplia. La mañana del domingo ya no significaba un nuevo madrugón rumbo al corredor de la muerte, sino una oportunidad única de mejorar mi resistencia alargando semana tras semana el número de kilómetros.  

Si el ruido del despertador es cruel de lunes a viernes, su sonido diabólico en un domingo de madrugón forzado pasa por ser la peor de las torturas. La familia se merece tiempo, y su recompensa has de dársela a costa de perder parte de tu sueño. Un desayuno liviano, compuesto por un te rojo y una barrita energética, y apenas sin espacio para la reflexión comienza el rodaje. Los primeros metros transcurren entre la perplejidad de quien se ve impotente para coordinar piernas y brazos, acortando la zancada como burdo mecanismo de errática autodefensa. Todo lo que sientes es dolor, nada fluye, todo se fuerza. Tratas de centrar tus pensamientos en la música programada del MP3 desterrando la sensación de zozobra. Apenas transcurridos seis kilómetros el cuerpo parece despertar de su letargo, el sonido inconexo que de fondo acompañaba la música comienza a tomar forma, retiras rabioso el sudor de la frente, aprietas el ritmo. Con el cuerpo en caliente y diez kilómetros en las piernas notas que tus ritmos mejoran sin aparente esfuerzo, todo lo que antes se mostraba utópico es ahora posible. Miras el GPS y la pantalla marca 4,15 el mil, pese a llevar quince kilómetros el cuerpo te pide ritmo. Cuando encaras las últimas millas enaltecido por la osadía de tu orgullo, perplejo por la irracionalidad de la condición humana, sólo acabar es lo que cuenta. Buscas en la lontananza de la memoria el punto que fija el final de la marcha. Gritas de dolor, arqueas la espalda, la tirada larga ha concluido.                                                       

Gestando un sueño:

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