Archivo para Mayo 2009

10X1000 recuperando 1 minuto a 3,56:

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El tres de diciembre de dos mil ocho Alberto nos convocó para uno de sus miércoles de calidad. El día, como prácticamente todos los que vivimos a lo largo del invierno amaneció lluvioso, casi caótico. El cielo no daba tregua y ya desde la mañana todo hacía pensar que a la dureza del entrenamiento en sí se uniría sin remedio posible la que la climatología aporta. Si los científicos insisten en afirmar que un hombre piensa unas trescientas veces en sexo a lo largo del día, y el perfil de los integrantes del grupo hace sospechar que en eso nos encontramos a buen seguro muy por encima de la media, el día de las series es siempre un día especial. Ya desde la mañana, a lo largo del desayuno, tu pensamiento distraído, casi infantil, termina centrando su imaginación en el entreno de la tarde. Las series, que tanto bien nos hacen, generan una sensación de respeto que se proyecta con frecuencia a lo largo del día.

Tras la jornada laboral Alberto, el promotor de las series, Víctor, futuro globo de la media, Javier, una máquina de correr perfecta y yo comenzamos el entrenamiento rodando con mucha suavidad. Cuando el ser humano se enfrenta a un reto que no sabe si podrá superar su condición física pasa a un discreto segundo plano. Cierto es que la fe mueve montañas y en un deporte, en el que constantemente estamos buscando los límites, es la mente el único motor que puede llevarte más allá. Como quien trata de engañar al subconsciente planteamos alternar la responsabilidad de tirar. La primera para Víctor, en segundo lugar Alberto, des pues Javi y por último yo. De esta forma sólo tendríamos que tirar del pelotón entre dos y tres veces cada uno. A los cinco kilómetros, y tras otros tanto minutos de recuperación mis piernas, mermadas por el esfuerzo que supuso correr el domingo precedente los dieciséis kilómetros largos de la mítica de Santurce a Bilbao, comenzaron a proponer tregua sin condiciones. Ya por la séptima serie, Javier, limitado por un proceso gripal anunció que la octava sería la última. Yo, que presumo de ser amigo de mis amigos raudo me aderí a su causa. Tras ocho de las diez previstas Javier y yo marchamos a la ducha.

 Finalizado el entrenamiento los ojos de Alberto brillaban de una forma especial, casi mística. Yo le vi sonreir, sus palabras delataban desparpajo, seguridad., se sabía poderoso, casi imbatible, había alcanzado el nirvana, estaba preparado, estaba en forma.

 Michel y el desayuno de los campeones:

Gestando un sueño:

Gestando un sueño:  

            Michel se afanaba día tras día en crear un gran plan fruto de la suma de pequeños grandes planes, con tesón, incansable al desaliento compaginaba sus periódicas sesiones de gimnasio con juergas nocturnas y días de carrera programada. Beto prefería fijar en su memoria el ritmo a seguir: tres cincuenta y seis el mil durante 21 km. Yo continuaba a lo mío: dos días de series, tirada larga, y otros dos rodajes cercanos a la hora a ritmos controlados.  

            Al tiempo que nos machacábamos sesión tras sesión y casi sin darnos cuenta, el movimiento 42195.es crecía con fuerza. Como todo aquello que ha nacido para ser grande, y con apenas unas semanas de gestación la más optimista de las previsiones se había quedado ya muy corta. Todo aquél que nunca ha corrido, jamás entenderá por que, en mitad de la noche, envuelto en un frío intenso, soportando una gélida lluvia, un individuo se empeña en rodar una hora para demostrarse a sí mismo que siempre será el que fue. Todo aquél que nunca ha corrido jamás entenderá por que algo tan simple puede convertirse en algo tan grande. Semana tras semana la web registraba más y más visitas, y la respuesta de los que allí entraban se transformaba en meils de incondicional adhesión. –Para que correr sólo, pensaban algunos, si puedo hacerlo en el club más numeroso del mundo. Nueva York como nexo de unión y la solidaridad entre populares como detonante del sueño.  

Beto, el espíritu indomable:  

            Si algo caracteriza a Alberto es su capacidad para generar, su facilidad para transformar en energía la esencia del grupo. Capaz de resucitar a un muerto y ponerlo a correr a tres el mil, capaz de tomar lo mejor de cada uno y ponerlo a trabajar al servicio del grupo.  

Beto y su plan:  

            Tras un verano surtido de improvisados entrenos, y aprovechando la base de quien se sabe dueño de su tiempo, Alberto afrontó la Behobia como pistoletazo de salida para preparar con mimo extremo el ambicioso objetivo. Encarar el reto en casa, Vitoria, le concedía la ventaja de ser profeta en su tierra. Conocer el circuito, poder entrenar por las calles donde se disputaba la prueba, pequeñas ventajas que alimentan la confianza cual fármaco placebo. Conocedor del valor del tiempo, conciente por tanto de la necesidad de dominarlo, nos convocó miércoles tras miércoles para ejecutar en entreno de calidad. Diez miles a tres cincuenta y seis recuperando un minuto, ese era el promedio, ahí estaba el reto.  

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La tirada larga

La tirada larga:  

Siempre había pensado que la tirada larga era el refugio de los mediocres, el refugio de aquellos que en el plácido pasar de los kilómetros encuentran la panacea que los aísla del dolor para convertirles en corredores sin alma, sin ambición. Con el tiempo la asumí como un mal necesario, un mal que aplicar en busca de un bien superior.  

Preparar con prusiana devoción la media de Vitoria, ampliando expectativas e ilusiones, me proporcionó una visión más amplia. La mañana del domingo ya no significaba un nuevo madrugón rumbo al corredor de la muerte, sino una oportunidad única de mejorar mi resistencia alargando semana tras semana el número de kilómetros.  

Si el ruido del despertador es cruel de lunes a viernes, su sonido diabólico en un domingo de madrugón forzado pasa por ser la peor de las torturas. La familia se merece tiempo, y su recompensa has de dársela a costa de perder parte de tu sueño. Un desayuno liviano, compuesto por un te rojo y una barrita energética, y apenas sin espacio para la reflexión comienza el rodaje. Los primeros metros transcurren entre la perplejidad de quien se ve impotente para coordinar piernas y brazos, acortando la zancada como burdo mecanismo de errática autodefensa. Todo lo que sientes es dolor, nada fluye, todo se fuerza. Tratas de centrar tus pensamientos en la música programada del MP3 desterrando la sensación de zozobra. Apenas transcurridos seis kilómetros el cuerpo parece despertar de su letargo, el sonido inconexo que de fondo acompañaba la música comienza a tomar forma, retiras rabioso el sudor de la frente, aprietas el ritmo. Con el cuerpo en caliente y diez kilómetros en las piernas notas que tus ritmos mejoran sin aparente esfuerzo, todo lo que antes se mostraba utópico es ahora posible. Miras el GPS y la pantalla marca 4,15 el mil, pese a llevar quince kilómetros el cuerpo te pide ritmo. Cuando encaras las últimas millas enaltecido por la osadía de tu orgullo, perplejo por la irracionalidad de la condición humana, sólo acabar es lo que cuenta. Buscas en la lontananza de la memoria el punto que fija el final de la marcha. Gritas de dolor, arqueas la espalda, la tirada larga ha concluido.                                                       

Gestando un sueño:

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